lunes, 22 de enero de 2018

Ojo con las pseudociencias

Este artículo lo escribimos tras ver en televisión una noticia escalofriante: unos padres que perdieron a su hijo - que padecía leucemia - después de que este abandonara el tratamiento médico a cambio de una pseudoterapia de las que prometen milagros. En la misma noticia aparecía el extracto de un vídeo de Txumari Alfaro, un comunicador televisivo que antaño participaba en un programa llamado "La Botica de la Abuela" y que ahora se dedica a vender una serie de prescripciones pseudomédicas y desatinadas que prometen librar cien por cien del cáncer.

Quizás nuestros lectores se asombren del tono tan tajante que hemos adoptado, pero no es para menos. En este tipo de situaciones no caben relativismos ni medias tintas: incitar a una persona para que abandone un tratamiento médico del cual depende su vida es denunciable legal y moralmente. No cabe ampararse en la libertad de elección del individuo, porque se le está abordando en un momento de vulnerabilidad emocional, aprovechándose de su desesperación (el enfermo de cáncer se aferrará a lo que sea con tal de curarse) para obtener beneficio propio a cambio de condenar a una persona.

En este vídeo tenéis uno de los momentos culminantes de la conferencia, en la que, en el colmo del delirio, Txumari Alfaro afirma que no hay que hacer nada si descubres que tienes cáncer de mama. En el segundo vídeo tenéis la conferencia entera, para que nadie pueda decir que el extracto está sacado de contexto.






Aclaremos términos. Una pseudociencia es la que, sin seguir el método científico, se hace pasar como ciencia, parasitando su apariencia y usando tecnicismos que la hacen parecer más fiable. Una medicina alternativa es la que no se basa en los métodos de la medicina convencional. Existen medicinas alternativas - como el uso de plantas medicinales - que están científicamente probadas: todos nos hemos preparado en casa una infusión de tila para relajarnos, sin tener que acudir a un médico. El uso de determinadas plantas medicinales puede manejarse en un ámbito doméstico (aunque para pasar a otras más complejas debe haber siempre indicación profesional), porque los principios activos que contienen - comprobados en laboratorio, por lo que no estamos hablando de pseudociencia - son inocuos. Aún así, este tipo de medicina alternativa solo complementa a la "oficial". Nadie esperaría tratarse una apendicitis a base de poleos, manzanillas o tés.

Pero existen otras "medicinas alternativas" que no están probadas científicamente, más allá de que provoquen cierto efecto placebo. Los lectores interesados en verificar estos estudios, pueden leer los libros "¡Vaya timo!" de la editorial Laetoli para un acercamiento crítico. Estas terapias o pseudoterapias pueden ayudar a aliviar dolores o incluso a predisponer al paciente para la curación, pero NUNCA pueden sustituir a un tratamiento convencional. El efecto placebo NO puede sanar un cáncer, curar una hepatitis o una anemia.

Repetimos: como la eficacia de muchas medicinas alternativas no está comprobada más allá del efecto placebo, EN NINGÚN CASO deben usarse en sustitución a los tratamientos convencionales. La ciencia ha demostrado que el cáncer no se cura a base de vitaminas, que no se desarrolla - ni desaparece - por las interacciones del cuerpo y la mente: consiste en un desajuste genético que hace que las células se reproduzcan incontroladamente, formando un tumor. Promover pseudoterapias sacacuartos que sustituyan quimioterapias o radioterapias - duras, bien lo sabemos, pero únicas formas de comprobada efectividad - es DENUNCIABLE y mezquino, casi como incitar a que un depresivo se suicide. Debemos tener mucho cuidado en esos momentos de vulnerabilidad emocional para que esta clase de gente no se aproveche de nosotros, y tengamos la cabeza lo bastante fría como para seguir confiando en los métodos que están científicamente comprobados.




jueves, 18 de enero de 2018

Las dudas de Crick

¿Al zumo de naranja se le van las vitaminas?

Seguro seguro que lo has oído alguna vez, porque es una frase típica de madre. Te acaban de hacer un zumo de naranja recién exprimido (¡qué rico!) y a continuación, como si fuera parte del protocolo oficial: "Corre, bébetelo rápido que se le van las vitaminas". A lo mejor alguna vez te preguntaste "¿Pero a dónde se van?" ¿Hay algo cierto en este saber popular?

Parece que la cosa ni es tan dramática, ni tan urgente. Es cierto que, con el tiempo, las vitaminas pierden sus propiedades porque se altera su estructura (se dice que se "desnaturalizan") y por lo tanto ya no funcionan igual que lo hacían. La vitamina C o ácido ascórbico, que es la principal que contiene un buen zumo de naranja (pero que también la encontrarás en el pomelo, en el limón, en los berros y muchos otros vegetales y hortalizas) se oxida fácilmente dando ácido dehidroascórbico, pero también es cierto que este último tiene todas las propiedades de la vitamina C original. Para que estas vitaminas dejen de tener sus maravillosos efectos sobre nuestro organismo (entre otras cosas, son geniales contra catarros y resfriados) deben pasar alrededor de 12 horas. Así que, si tu madre te mete prisa, le dices que no te importa que el zumo lleve ácido dehidroascórbico, que da lo mismo. Eso sí, cualquiera que se haya bebido un zumo de naranja recién exprimido estará de acuerdo en que es una de las bebidas más ricas y refrescantes (y sanas) ¡Como para esperar doce horas!




miércoles, 17 de enero de 2018

El laboratorio de Watson

La atracción del vacío

En el experimento de hoy vamos a ver cómo el agua de un plato sube en contra de la gravedad sin que nosotros hagamos nada para ayudarla. Nada... salvo usar una vela y un vaso de cristal. ¿Os pica la curiosidad? ¡Pues vamos allá!

Necesitaremos:

- Un plato hondo
- Una vela de cera (no hace falta que sea muy grande)
- Un vaso de cristal (tiene que caber la vela dentro, puesta de pie)
- Un poco de agua

Cómo se hace

Primero debemos sujetar la vela al fondo del plato hondo. Para ello, lo mejor es encenderla y con la misma cera que gotea, pegarla al plato. Ojo: este paso debe hacerse siempre en presencia de un adulto responsable, que hay fuego por medio.

Una vez que tengamos nuestra vela pegada al plato y encendida, echamos agua en el plato, la que queramos siempre y cuando no rebose, que no es cuestión de mojar la mesa.

Después colocamos el vaso boca abajo y apoyado en el plato, encerrando la vela en una campana de cristal. Y a esperar.

Qué ocurre

Dependiendo de cómo de grande sea el vaso respecto a la vela, tarde o temprano la vela se apagará ¡y el agua empezará a entrar dentro del vaso como si algo la estuviera empujando!

Por qué sucede

La vela se apaga porque el fuego necesita oxígeno para arder. En cuanto la llama agota el oxígeno dentro del vaso, se extingue por sí sola. El agua sube no porque algo la empuje desde fuera, sino porque hay un efecto de vacío formado por el oxígeno consumido la succiona ¡Qué cosas!